LOS VICEPRESIDENTES EN LA MIRA: LA GUERRA SUCIA DEL BALOTAJE EN BOLIVIA
Por: Uri Felipez Mancilla
Ver publicación en el diario de circulación nacional, Opinion https://www.opinion.com.bo/opinion/author/vicepresidentes-mira-guerra-sucia-balotaje-bolivia/20251010000059981475.html
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- Ataque estratégico: Los vicepresidentes pasaron de figuras secundarias a ser el blanco principal de los ataques mediáticos
- Voto de rechazo: La segunda vuelta impone la lógica del «voto contra», priorizando el miedo al rival sobre las propuestas
- Ética electoral: Es vital distinguir la campaña negativa (basada en hechos) de la guerra sucia (basada en mentiras)
Este artículo analiza el inédito rol de los candidatos vicepresidenciales en la segunda vuelta electoral de Bolivia, señalando cómo se han vuelto el blanco de ataques mediáticos. Exploramos la lógica del «voto contra» y la polarización, subrayando la importancia de distinguir la legítima campaña de contraste de la guerra sucia, la cual busca manipular las emociones del electorado en lugar de enriquecer el debate democrático.
En la recta final hacia la segunda vuelta electoral en Bolivia, los candidatos a la vicepresidencia se han convertido en protagonistas inesperados. Lejos de ocupar un rol secundario, hoy son el blanco preferido de ataques y campañas de desgaste.
El caso de Edman Lara, compañero de fórmula de Rodrigo Paz, lo demuestra. La campaña de Jorge “Tuto” Quiroga amplificó sus frases polémicas —desde insultos hasta contradicciones con su propio candidato— para proyectarlo como inestable e incapaz de coordinar. Al mismo tiempo, Juan Pablo Velasco, candidato a vicepresidente de Quiroga, fue cuestionado por un antiguo tuit racista, lo que afectó la ya difícil conexión de su fórmula con los sectores populares del occidente.
Este protagonismo debe entenderse en el marco de la segunda vuelta. En la primera, con varios candidatos, la estrategia busca fortalecer la base propia y diferenciar virtudes. En cambio, en el balotaje la lógica cambia: dos opciones, polarización extrema y un mensaje dominante —“vote contra mi rival”—. Redes y medios de comunicación se llenan de ataques, información parcial y desinformación que alimentan hastío e indignación a la población.
Así aparece lo que los estrategas llaman el “voto contra”: más que apoyar a alguien, se rechaza al adversario. Se movilizan emociones intensas —miedo, bronca, resentimiento— para captar indecisos y sumar a quienes apoyaron otras fuerzas.
Aquí es clave distinguir entre campaña negativa y guerra sucia. La primera se basa en hechos verificables: antecedentes, propuestas inviables o declaraciones públicas que muestran debilidades reales. La segunda recurre a rumores falsos, difamaciones o ataques privados sin relevancia política. Mientras el contraste forma parte del debate democrático, la guerra sucia envenena la discusión pública.
La diferencia es clara: la campaña negativa informa y cuestiona; la guerra sucia manipula y degrada. En su primera experiencia de balotaje, Bolivia enfrenta ese dilema. Y los ciudadanos vamos a recibir más mensajes parecidos, hasta el día de la elección.
Consultor Político
politolgo@urifelipez.com