LAS ELECCIONES NO SE GANAN EN LAS CALLES, SINO, EN EL CORAZÓN DEL VOTANTE
Por: Uri Felipez Mancilla.
Publicado en el periodico Corroe del Sur
Aproximadamente 1036 palabras. El tiempo de lectura estimado es de 5 minutos.

- La ilusión de la presencia: La creencia común de que las caravanas y los panfletos ganan votos ignora que la visibilidad física no garantiza el apoyo electoral real
- De ser conocido a estar posicionado: El éxito radica en dejar de ser un simple nombre recordado para convertirse en una solución asociada a los problemas cotidianos del ciudadano.
- La victoria emocional y digital: Las campañas modernas se ganan mediante la investigación del electorado, la conexión emocional y un manejo estratégico del ecosistema digital.
En este análisis, cuestionamos la efectividad de las campañas políticas tradicionales basadas en la informalidad y la improvisación. A través de una mirada crítica a la comunicación política actual, se explora por qué el posicionamiento estratégico y la identificación emocional con el votante son mucho más poderosos que el ruido de las calles, planteando que en la era digital, el verdadero campo de batalla electoral se encuentra en el teléfono móvil y, sobre todo, en el corazón del ciudadano.
Como ciudadanos, hoy nos encontramos a diario con partidos, agrupaciones y candidatos que realizan campañas políticas en plazas, calles, mercados y ferias. Observamos caravanas de vehículos llenas de banderas, música y simpatizantes; se reparten panfletos y obsequios, y los candidatos sonríen, estrechan manos y recorren barrios convencidos de que esa es la mejor forma de presentarse y obtener apoyo electoral. Esta escena, tan común como repetida, refleja una idea profundamente arraigada: que hacer campaña es simplemente estar presente.
En la actualidad, muchas campañas políticas en los municipios del país se caracterizan por la falta de profesionalismo, informalidad y escasa planificación. Aunque la normativa del Órgano Electoral Plurinacional establece que las campañas deben iniciar tres meses antes del día de la elección, en la práctica la mayoría de los candidatos comienza cuando sus nombres ya están oficialmente inscritos. Esta costumbre responde a la informalidad de los propios partidos, que esperan la validación de listas para recién organizar equipos, conocer a sus candidatos a concejo y empezar a actuar. El problema es que, cuando la campaña arranca tarde, ya no hay tiempo para investigar ni para planificar; solo se ejecutan actividades sin estrategia.
Muchos candidatos creen que el simple hecho de ser conocidos garantiza apoyo electoral. Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre un candidato conocido y un candidato posicionado. El primero es aquel que el elector reconoce, recuerda o ha visto antes. El segundo es aquel que, cuando una persona piensa en un problema concreto de su vida cotidiana, aparece automáticamente como una opción de solución. El posicionamiento no es recuerdo, es asociación. El nombre deja de ser solo un dato y se convierte en una alternativa real.
Para competir seriamente, toda campaña necesita al menos un equipo técnico encargado de la investigación del electorado. Esto no es un lujo ni una sofisticación innecesaria. No existe campaña política que conecte con la ciudadanía si no la conoce. No se puede dialogar con los votantes si el candidato habla de temas que no les interesan o no forman parte de sus preocupaciones diarias. Las investigaciones cuantitativas y cualitativas —encuestas, entrevistas, grupos focales— permiten identificar percepciones, miedos, rechazos y expectativas que orientan toda la campaña.
Como señalan los especialistas en comunicación política, hoy los electores ya no leen los programas de gobierno, y muchas veces ni siquiera los propios candidatos los revisan en profundidad. Lo que realmente conecta con el electorado es la estrategia de campaña, que define cada táctica, actividad y mensaje. La estrategia parte del conocimiento del candidato, del análisis del entorno, de los competidores y del comportamiento electoral, pero sobre todo de la segmentación de la población según edad, género, territorio, nivel socioeconómico y comportamiento digital.
La definición del mensaje y el posicionamiento del candidato es el corazón de la campaña. La investigación revela las necesidades y preocupaciones de la ciudadanía; la estrategia traduce esos datos en mensajes simples y cotidianos. Por eso, un candidato eficaz no habla de “seguridad ciudadana” en términos abstractos, sino de cómo una joven puede volver tranquila a su casa después de clases sin miedo. El votante no decide únicamente con la razón; decide con lo que siente y luego busca argumentos para justificar su elección. Los datos técnicos no convencen si antes no hubo identificación emocional.
La forma en que los mensajes llegan al electorado también ha cambiado de manera radical. Antes, la política se comunicaba principalmente a través de mítines, radio, prensa escrita y televisión. Hoy, gran parte de la campaña ocurre en el teléfono móvil, que acompaña al votante todo el día. Allí las personas se informan, se indignan, se movilizan y toman decisiones. Un error del candidato puede durar segundos, pero circular durante semanas. Una frase mal dicha se graba, se edita, se saca de contexto y se vuelve viral. Las redes sociales amplifican y aceleran la comunicación política. Por eso, el ecosistema digital exige mensajes claros, coherencia permanente y capacidad de reacción inmediata. La política digital no consiste simplemente en estar en redes sociales, sino en saber qué decir, cuándo decirlo y qué no decir nunca.
Muchas campañas fracasan no por falta de recursos, sino por desconocer estas reglas básicas. Las campañas improvisadas suelen gastar grandes cantidades de dinero y esfuerzo humano con poca efectividad. En cambio, cuando un candidato construye su propio mensaje y su propia causa, logra diferenciarse del resto. Los electores no buscan necesariamente al que grita más fuerte o recorre más calles, sino al que propone algo distinto y logra representar sus preocupaciones. Informar es importante, pero no suficiente: una campaña puede ser entendida y aun así perder. Si no emociona, no convence; y si no convence, no gana.
Puntos Críticos
- Estrategia sobre presencia: Estar en la calle informa, pero solo la estrategia conecta. No confundas ruido con votos.
- Asociación vs. recuerdo: No basta con que sepan quién eres; deben saber qué problema les vas a resolver.
- El Voto es Emocional: Los datos técnicos informan, pero la emoción es la que moviliza la decisión final del elector.
- El territorio digital: Hoy la campaña ocurre en el bolsillo del votante; el teléfono es el nuevo mitin político
Consultor Politico
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